Por Carlos Salgado.

El miercoles 10 de agosto de 2016 no sería un día cualquiera para la vela argentina. Ni para este cronista. Y mucho menos lo sería para Santiago Lange.

No era un día cualquiera. A sus casi 55 años, después de haber superado una durísima prueba de vida, como lo fue la grave enfermedad sufrida poco tiempo antes de los Juegos Olímpicos de Río 2016, el solo hecho de participar era un enorme triunfo para Lange.

Debutaba en Río 2016, soñando con esa deuda de oro que traía desde sus dos bronces junto a Camau Espínola en la vieja categoría Tornado. Ahora, acompañado por Cecilia Carranza, una de las personas que logró convencerlo de emprender este nuevo desafío: su Sexto Juego Olímpico.

El día se presentaba nublado y cada vez más frío y oscuro. Su sueño estaba cumplido. Su familia en la playa -que hacía las veces de tribuna- lucía remeras blancas con las inscripciones “Ceci y Santi” en letras celestes.

Aparece el catamarán argentino, mientras familiares y amigos, agitaban banderas desde la costa y saludaban la salida a la cancha de la dupla argentina. Lange apuntó la proa de su embarcación hacia la playa, levantó un pontón a modo de saludo, viró y se alejó hacia la largada.

Largaron. La dupla argentina luchando con la brasileña por la punta en los primeros instantes de la primera regata. Aumenta el viento y empieza la llovizna. Los barcos de guerra de la Armada Brasileñaa que custodian el evento, se confunden a la distancia con las velas de los catamaranes. De repente, el barco argentino se retrasa mucho, y finaliza en la 11º posición. Se escuchan comentarios entre los allegados: “tuvo un problemita técnico”, dicen por ahí. No hay tiempo para averiguar qué pasó, se viene la segunda y última regata de ese histórico 10 de agosto.

El cartel avisa: 5 minutos para largar la segunda regata. La cancha es difícil, hay mucho borneo y rachas oscilantes, algo que favorece a la dupla argentina que estuvo 6 meses practicando en esas aguas.

Largaron la segunda regata del día. Se los ve veloces y con gran táctica en la tercera posición. Sobre la llegada, con una maniobra de alto vuelo, superan al barco griego y finalizan la regata en segundo lugar, alcanzado el tercer puesto en la general.

Cuando días después todo termino, aquel día de la medal race infartante, recordé aquella maniobra brillante de Santiago Lange para ganar alcanzar el segundo lugar en aquella regata. El valor de ganar ese punto, el punto que, al final, valió oro.

Un oro nunca tan merecido. Los argentinos festejan con cánticos futboleros. Su familia festeja. Su madre, con unos vitales 86 años, se emociona por el ascenso de su hijo, que ha dejado de ser capitán para convertirse en almirante.

Una historia de película.